Velocidad de difusión

El 4 de enero de 1943 se proyectó por primera vez el NO-DO en las salas de cine de toda España. Lo que pudo ver el público ese día fue el ‘Parte de Guerra’ leído que informaba de la victoria de las tropas fascistas, que dio lugar al inicio del franquismo, y la rendición de Polonia ante el avance de los nazis. Ambos hechos databan de 1939, ¡cuatro años antes!

Esto da una idea del aislamiento en que se encontraba el país en aquel momento. Y, visto con los ojos de hoy en día, de la extrema lentitud con que se publicaban las noticias. Al NO-DO lo relevó la TV, que era un medio mucho más inmediato, aunque igualmente manipulable. Hoy las ‘fake news’ se propagan en minutos.

Esa increíble velocidad de propagación propicia muchas cosas buenas en terminos de libertades y de solidaridad, pero también es un riesgo en una época de pandemias, guerras y ciberataques, en la que vuelven a proliferar gobiernos autócratas que se inclinan al totalitarismo, que hasta condicionan campañas electorales y sus resultados.

Hay que ser conscientes de ello y obrar en consecuencia, si es que se pretende que un mundo moderno y relativamente justo (podríamos discutirlo durante horas) como el actual continúe y mejore. La información veraz, de calidad, puntual y de libre acceso es necesaria, ahora veamos cómo podremos obtenerla. Aprender es prevenir.

Los órganos de Putin

«Los rusos usaron un arma desconocida hasta ahora. Una tormenta de proyectiles quemó la estación de ferrocarril de Orsha, todas las tropas y el material militar. El metal se derretía y la tierra ardía». Escrito en el diario de Franz Halder, jefe del Estado Mayor de la Wehrmacht, el 14 de julio de 1941 en Bielorrusia.

Y como entonces, ahora.

Estatua de sal

Mucho cambiaría el mundo, y para bien, si la respuesta a todo acto de violencia intencionada fuese petrificar todos los aspectos de la vida del agresor al momento, de forma que quedase convertido en un paria social.

Así, aunque venciese no tendría ante quién jactarse ni con quién celebrarlo. La soledad y la marginación son un duro castigo, que se intensifica con el tiempo. Pero es el tratamiento más adecuado para alguien que siembra la guerra.

Tomar tierra

Búscales entre los escombros, todo rastro se pierde en torno a una tenue columna de humo. Llámales por encima del crepitar de las llamas, si es que eso alivia el dolor que aún puedes imaginar.

Cruel metáfora de la existencia, de la vida consumada, en el vacío ordenada por el azar su sentencia. Y, cayeron del cielo muy deprisa, les mató la velocidad, no el suelo. No hubo supervivientes, de nuevo.

No tan solos

Esto es solo una opinión personal basada en lo que venimos viendo estos días de finales de febrero y principios de marzo de 2022. La guerra en Ucrania se libra a muchos niveles, yo quiero hablar del impacto mediático de los principales líderes, que son Vladimir Putin, por el lado de Rusia, y Volodímir Zelenski, por el de Ucrania.

El invasor Putin ha intentado avalar y justificar éticamente su ataque argumentando que en el Dombás se está produciendo un genocidio, y que debía acudir en su socorro; pero una vez iniciada la incursión a gran escala en territorio ucraniano, hemos comprobado que eso era falso. Y también ha dicho que el gobierno de ese país está formado por “neonazis y drogadictos”. Son mentiras que ya eran difíciles de creer de entrada, pero que además ahora se han evidenciado como absolutamente falsas. Todo estaba fríamente premeditado.

En realidad, aunque ya conocíamos muy bien a Putin de antes, su imagen se ha ido deteriorando estos días ante nuestros ojos, porque las mentiras no se aguantaban en medio de los feroces ataques. Se ha revelado como el abusón de colegio que en realidad es, y como alguien que reclama justicia y dice ser víctima, cuando en realidad es el mayor experto en violencia en este momento.

Se ha permitido amenazar con la mayor chulería a cualquiera que intervenga en la sangría que él mismo está provocando, ha amenazado a todo el mundo -incluso a países que nunca formaron parte de la esfera rusa, como Suecia y Finlandia, si se integraban en la OTAN- y ha activado sus fuerzas nucleares porque no tolera que se le sancione económicamente por romper algo que debería ser muy sagrado: la paz.

Europa -el pueblo de Europa- no quiere más guerras ni violencias, ya le duele verlas en otras partes del mundo. Y cuando digo Europa incluyo a Rusia, que es parte de este continente -por lo menos hasta los Urales-, ya que hemos podido ver cómo en ese país ha nacido de inmediato la oposición a la guerra. Muchos rusos consideran a los ucranianos sus hermanos, y es evidente que no les gusta que su propio estado les lance bombas.

Por tanto, Vladimir Putin puede ser tan inteligente y astuto como se quiera, pero hay cosas que no ha medido muy bien, y entre ellas destaca el apoyo de un pueblo al que considera subyugado. Y hay que recordar que hace algo más de un siglo los zares cometieron el mismo error, metieron al país en una guerra mundial muy a pesar de sus gentes, y al final fueron ellos los exterminados. Todo es posible en esta vida, esa es la lección que está aprendiendo nuestra generación entre una cosa y otra.

Por lo que se refiere a Zelenski, no le conocía pero he podido ver cómo en estos pocos días su figura ha crecido. Por un lado, por su aplomo y por su mensaje de resiliencia sereno pero convencido. “No os abandonaré” le ha dicho a un pueblo ucraniano que se siente solo ante el peligro, inspirándoles a todos de ese modo el deseo de aguantar y devolver los golpes. Y, como cualquier estratega sabe, es más fácil defender que atacar, no importa lo fuerte que sea el agresor.

Zelenski se graba a sí mismo primero en traje y luego con ropa militar, sonriendo y delante de un edificio emblemático que los ucranianos conocen bien -para que sepan que no está en el extranjero o a salvo en algún lugar secreto-. O, también, se graba de noche en la calle rodeado de colaboradores, como si estuviera de cañas con unos amigos. No disimula, no elude lo que está pasando -quién podría-, simplemente da a entender de manera inconfundible que está aguantando el tipo.

“Estoy aquí, con vosotros”, parece sugerir, y no existe mayor inspiración que compartir la misma suerte, aunque mayormente sea desdicha y riesgo extremo en este momento. Les dice, “al que buscan es a mi”, y confirma que permanecerá con su familia. Al filo de la navaja, aferrado a su convencimiento, dispuesto a no desaparecer sin infligir una herida que le deje al menos una cicatriz de recuerdo a un enemigo que busca que Ucrania pase a formar parte de su colección de estados zombi.

Esa monumental inspiración no la puede igualar Putin, quien solo cuenta con muchas divisiones de soldados a los que previamente ha extenuado durante semanas de maniobras trileras, para que el mundo se preguntase dónde atacaría primero. Y también tiene numerosas columnas de tanques, y escuadrillas de aviones y helicópteros como para oscurecer el sol. ¡Pobre hombre!, eso no es casi nada frente al entusiasmo y el sentimiento que provoca tener que defender tu casa, tu familia, tu trabajo, todo lo que conoces… Zelenski ganará, lo hará aunque pierda. Lo hará aunque muera. Va camino de ser un mártir, es decir, inmortal.

Y si cae Járkov aún quedará Kiev, y si cae Kiev comenzará la resistencia. No llegará el final mientras los aviones caigan y los tanques vuelen.

Hoy digo, ¡yo te respeto Ucrania!

Manual de supervivencia humana

Siempre me han atraído las historias sobre supervivencia, a pesar de que esconden terribles tragedias. La Humanidad no habría llegado hasta aquí si no nos hubiésemos aferrado a la vida por encima de todo, ¿cuántos millones se quedaron por el camino?

Todo empieza como una competición entre espermatozoides para fecundar el óvulo, es el combate más feroz. Sólo llega uno, el resto son pasto del desastre, y es que todos tenemos malas cartas al inicio de la carrera. Lo que pase después depende de tantas variantes que imaginarlo resulta enloquecedor. Algunos días me siento víctima y otros superviviente, no os riáis, soy vuestro espejo.

Silencio aparente

Nosotros, los desesperados, los hombrecillos que ya nada tenemos qué ofrecer, habitamos los rincones que nos dejan las almas de los demás, las que nos hieren cuando nos miran a los ojos, las que ríen dichosas ante nuestra insignificancia. Somos oscuros, fáciles de pisar por la fortuna.

Los desesperados tenemos anhelos inconfesables que nutren los informes de los psiquiatras. Ya no llueve dentro de nuestras cabezas y alguien pasó un trapo por nuestros cerebros. Desde que todo es así, creemos que lo que sucede no es importante. Es como si en cada uno hubiera un constante alboroto y un enorme fragor combativo.

Operación Swamp 81

En abril de 1981, en el barrio marginal de Brixton (Londres) la policía aplicó la ‘Ley de sospechosos’, paraba y registraba a individuos de manera arbitraria. En cinco días lo hizo casi 1.000 veces y, de ese modo, provocó una gran tensión que desembocó en unos de los disturbios más violentos que ha vivido la capital británica.

En aquella revuelta participaron 5.000 vecinos, resultaron heridos 300 policías, hubo 82 detenidos; ardieron 56 vehículos policiales y 30 edificios, se saquearon comercios… La respuesta de las autoridades fue mandar otros 2.500 policías para recuperar el control. Brixton es un barrio con la mayoría de la población negra, la mitad de ella estaba en desempleo.

A pesar de las circunstancias que se vivían allí y de los violentos hechos que tuvieron lugar, la primera ministra, Margaret Tatcher, negó que el racismo y la falta de perspectivas tuviesen que ver con un estallido que consideró injustificable.

No amo a mi amo

La clase más antigua de explotación humana es la esclavitud, que aún existe. Luego vinieron los siervos durante la Edad Media, eran ’libres’ pero debían obediencia a su señor y le pagaban tributos. El amo también tenía responsabilidades legales, debía alimentar, vestir y alojar a los esclavos; a los siervos no les podía desahuciar de sus tierras ni cobrar tributos abusivos.

La Revolución Industrial trajo la explotación laboral moderna, igualmente legal. La segunda revolución industrial nos convirtió en consumidores. En nuestros días se ha institucionalizado el desempleo y legalizado la precariedad. Lo próximo será la robotización, que hará innecesarios a esclavos, siervos, trabajadores y consumidores… Deberíamos alegrarnos, pero me pregunto ¿cuál será nuestro papel en el futuro?, o si tendremos alguno.

Aguas calmas

Por qué se calman las aguas.
El gris torbellino recorre profundidades
con nombre de mal insidioso
narrando un sabor lejano a salobre angustia.

Por qué se calman las aguas.
Sufrir no es pronunciar un nombre, es acallar el instinto.
En mi mente han cabido infinitas tempestades litúrgicas
donde no supe resguardar mi secuela íntima.

La rabia que me invade no me deja comprender.
Hay una esperanza frente al dolor en algún rincón
que aún no conozco de esa sombra que fue mi alma,
¡llena está de ira porque lamenta todo lo perdido!

Y sé que jamás podré encontrarlo sin la brújula
que necesito como guía en mi futuro destino,
que no sabré abrir sin la llave de los grilletes
que liberan mi presa conciencia de su entorno.
Eso es lo que más ansió.

Por eso, por qué se calman las aguas ahora.
Por qué no continúan danzando en todas direcciones.
Bautizando y maldiciendo, atizando un fuego frío
con perfume a útero, con el dolor acumulado
de un corazón traspasado.

Así quiero recorrer el resto del camino.