Sustitutos de robots

El 26 de abril de 1986 se produjo el accidente nuclear de Chernóbil al explotar el reactor número 4 de esta central soviética, que ahora está en Ucrania. Pronto se comprobó que en lo que quedaba del techo había material radiactivo que se debía retirar y enviaron robots teledirigidos.

Pero estas máquinas dejaban de funcionar a causa de la exposición a los escombros y mandaron personas, a quienes llamaron ‘liquidadores’ o ‘bio-robots’. Muchos murieron al recibir cantidades de radiación de hasta 50 millones de veces la que un ser humano puede soportar. En Fukushima se repitió la historia en 2011 y allí los llaman ‘samurais nucleares’.

Ahora, en 2022, la amenaza de desastre se ha vuelto a cernir sobre Ucrania, primero en Chernóbil y más tarde en Zaporiyia, donde está la central nuclear más grande de Europa. Los combates y bombardeos alrededor de la planta, que está tomada por las tropas rusas, han forzado la desactivación de sus seis reactores y la intervención de la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA), que ha desplazado un equipo que permanecerá allí mientras dure la arriesgada situación.

Los sustitutos de robots tal vez volverán, cuando la estupidez humana desencadene una nueva tragedia, que además de mucho dolor nos recordará una vez más que con el átomo no se juega.

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