A la desesperada

El 5 de agosto de 1944, durante el Alzamiento de Varsovia, un general nazi hizo ejecutar a 40.000 civiles. Según su lógica, todo polaco capturado debía ser asesinado para que la moral de los demás cayera y entonces los combates cesarían. Pero ocurrió todo lo contrario, la batalla se volvió aún más encarnizada porque al saber que si eran capturados morirían no vieron otra salida que luchar por su vida hasta el final.

Con el tiempo, los invasores se dieron cuenta de su error y empezaron a tratar a los rebeldes como prisioneros de guerra. Para cuando el alzamiento fue sofocado habían fallecido 250.000 polacos y la ciudad había perdido el 85% de sus edificios. Un enemigo desesperado nunca lo pone fácil, y cualquier precio le parece pequeño cuando su única alternativa es la extinción.

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