Aguas calmas

Por qué se calman las aguas.
El gris torbellino recorre profundidades
con nombre de mal insidioso
narrando un sabor lejano a salobre angustia.

Por qué se calman las aguas.
Sufrir no es pronunciar un nombre, es acallar el instinto.
En mi mente han cabido infinitas tempestades litúrgicas
donde no supe resguardar mi secuela íntima.

La rabia que me invade no me deja comprender.
Hay una esperanza frente al dolor en algún rincón
que aún no conozco de esa sombra que fue mi alma,
¡llena está de ira porque lamenta todo lo perdido!

Y sé que jamás podré encontrarlo sin la brújula
que necesito como guía en mi futuro destino,
que no sabré abrir sin la llave de los grilletes
que liberan mi presa conciencia de su entorno.
Eso es lo que más ansió.

Por eso, por qué se calman las aguas ahora.
Por qué no continúan danzando en todas direcciones.
Bautizando y maldiciendo, atizando un fuego frío
con perfume a útero, con el dolor acumulado
de un corazón traspasado.

Así quiero recorrer el resto del camino.

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