Dog save the bus

El 17 de noviembre de 2021, a media mañana, y a sus 50 y tantos años el rey Felipe VI ha experimentado una nueva sensación, ha viajado por primera vez en un autobús urbano. Allí puede coincidir casi con cualquiera, eso es lo bueno de la vida, es un espacio social para compartir suerte y realidad. Allí nadie va a figurar, a decir «mira qué campechano soy», a codearse con la alta alcurnia. Ese no es el medio que se escoge para ir a inaugurar una cumbre internacional.

Si como pasajero habitual que soy me tocase compartir viaje contigo, ¿qué haría yo, cederte mi asiento? Quizá sacar mi sonrisa más estúpida e intentar no fingir sorpresa, esto es una cosa más de las que pasan cualquier día, ante todo naturalidad. Y sería absurdo intentar buscarme luego en la foto, pues me eliminarán. Ya sé, mostraré entereza y no temeré ser fumigado, porque no tendré ningún espacio cuando extiendan la alfombra roja.

En serio monarca, si quieres probar la experiencia ven en verano a la Línea 4. ¡Acabarás sepultado por multitud de turistas que ni te reconocerán! Serás uno más, tienes el anonimato garantizado. Pero aflójate la corbata, con este calor no quiero tener que hacerte el boca a boca. ¿¡Es que no te avisaron de que el aire acondicionado es insuficiente y a veces no funciona!? ¡Y cuidado con los carteristas, que llegan por clanes! ¿¡Cómo, no lo sabes!?, debiste subir al bus mucho antes. Entonces, ¿algún día me dejarás tu coche oficial?

Mientras tanto, disfruta este viaje plebeyo en un ‘misterioso’ transporte público. Durante un rato te parecerá que todo funciona, estarás lleno de orgullo y satisfacción como padre de esta nación eterna. Pensarás que el tubo de escape no contamina, que realmente circulas a 30 kilómetros por hora, como dictan las normas; que todo es perfecto e ideal, y por supuesto que vas a llegar a tu hora.

Eso es si subes una vez. Si lo haces dos, todo es peor. Y, si todos los días, entiendes que España no tiene presente, olvidó su pasado y nadie espera una pensión, mucho menos un futuro con qué soñar. El horizonte más lejano es el siguiente viaje, aunque quizá el bus pase de largo -otra vez- y ni siquiera nos embarque hacia un destino que de todos modos ya no importa mucho.

Clave de Libertad

A finales de junio de 2022 se ha producido el fallecimiento de José Luis Balbín, conocido por ser el presentador del programa ‘La Clave’ desde el año 1976 hasta 1993, con un significativo parón entre 1983 y 1990. Al ser yo mismo periodista y haberme criado viendo aquel histórico espacio televisivo dedicado al debate, no puedo pasar por alto su muerte sin comentario.

Leyendo su obituario deduzco lo que tuvo que sufrir al verificar que las libertades que trae consigo la Democracia se ponen a prueba desde el primer momento de su existencia, y que lo hacen Gobiernos liderados por todas las tendencias políticas sin distinción. Y también que para el poder es toda una tentación limitar, prohibir y cerrar bocas diciendo «de esto no se habla».

Es más que una lástima, en realidad es una tragedia que fuesen suspendiendo ‘La Clave’ cada vez que abordaba un asunto espinoso, como las riquezas de la Iglesia, la homosexualidad, la pena de muerte y un largo etcétera; por el simple hecho de que le molestaba al Gobierno de turno, ya fuese impuesto o electo. Como miembro anónimo e insignificante del Pueblo, no veo la diferencia de talante.

Y en cierto momento Balbín tuvo que transigir con que su programa fuese pregrabado en lugar de en directo, para que asi RTVE pudiese controlar las opiniones que se vertían en horario de máxima audiencia (una franja que en cambio hoy en día jamás ocuparía un programa así). Querían un botón del pánico que poder pulsar si alguien se salía de los márgenes aceptables.

Entonces, el proceso de un crimen perpetrado contra la libertad de expresión es este: te suspenden temporalmente, te controlan, te limitan, te relegan a horas de baja audiencia y al final te suprimen definitivamente. Dejas de existir tras haber podido aprovechar solo algunas grietas y recovecos, muy apreciados pero insuficientes, por los que has conseguido dejar escapar un poco de grandeza, que es lo contrario de la mediocridad reinante.

Acallar las voces discordantes

No llores, la censura siempre ha existido, ahora también. Lo mismo que la cultura de la cancelación, lo que molesta se erradica, como si fuese una plaga incómoda. Todo lo que no hace juego con las cortinas, a la basura. Incluido un espacio televisivo que brilló en una época tan delicada y necesitada de explicaciones como fue la Transición.

Es cierto que en ‘La Clave’, como en la mayoría de programas de la época, aparecían pocas mujeres. Por eso he escogido este en el que interviene Federica Montseny con su habitual lucidez.

Bueno, no se trata de mitificar las cosas o de ver el pasado con indulgencia, a veces podía resultar un poco pesado el programa, entre 408 que se emitieron cabe de todo, y algunos tertulianos eran un poco redichos y pedantes. Pero pesa mucho más el lado positivo, porque sí que pudimos ver lo que es un verdadero debate, planteado sin miedo, con participantes de nivel, con posturas antagónicas y dispuestos a dar lo mejor de sí en defensa de su posición.

Y lo que es muuuucho más jodido, dispuestos a dejar intervenir a los demás con paciencia, a darles la razón o concederles pequeños márgenes de confianza o beneficios de la duda cuando ofrecen buenos argumentos. Porque, no nos engañemos, siempre hay más de una manera de ver las cosas. Y yo pregunto, ¿has visto algo semejante en la TV o en las redes sociales en las últimas décadas? ¿No te parece que sería bueno para la Democracia y para todas sus libertades que alguien lo hiciera?

Mi visión particular

Aunque tengo mis propios planteamientos iniciales sobre todo o casi todo, estoy dispuesto a escuchar esas voces si están dispuestas a escucharme a mi, y si tengo la certeza de que se debatirán ideas y no se acabará convirtiendo la reunión en un infantil debate de matices, de esos en los que los ponentes en realidad piensan lo mismo y como mucho les separan algunos pequeños detalles. O, peor aún, en un mero intercambio de exabruptos para mayor regodeo del populacho…

La inquietante sintonía de ‘La Clave’, absolutamente inolvidable.

Hoy, la TV e Internet prefieren a los botarates que ofrecen show, porque es más fácil descalificar al contrincante que pensar buenas alternativas a sus planteamientos. En cambio, lo difícil es formarse durante toda una vida e informarse antes de ir al debate para estar al día de la cuestión que va a tratarse. Y más difícil es aún aceptar que ninguna posición debe ser inamovible, si se topa con buenos razonamientos.

Por favor, que no piensen

Por esto es por lo que abogaba Balbín, y yo también. Primero quiero escuchar las demás opiniones y luego aportar mi visión, dando la razón donde coincida y rebatiendo donde discrepe. Pensando contraargumentos mejoraré mis propios pensamientos y criterios respecto al asunto que sea.

Y estoy muy seguro de que no debe haber temas tabú, eso nos acerca a la barbarie y nos aleja de la emancipación, que es precisamente lo que quieren los poderes. Dóciles somos más gobernables, el rebaño pasta tranquilo. Adiós a Balbín, adiós a ‘La Clave’, welcome efecto Dunning-Kruger.

Gran apagón

De la nada llega el silencio en forma de haz de luz
Big Allis falla y luego todo es oscuridad en la urbe
durante unas largas horas vuelve la Edad de Piedra
pánico y saqueos, la policía no duerme esta noche.

Ambulancias y bomberos alumbran con sus sirenas
no hay radio, televisión ni aeropuertos, sólo susurros
y muchas personas atrapadas que piden evacuación
gritan desde el metro y desde los túneles de tráfico.

¿Fue una negligencia, acaso un acto de Dios?
¿O tal vez un apagón programado? ¿Por quién?

El gran disco suspendido, apenas visible desde el aire
difícil de encontrar desde tierra, discreto en apariencia
colapsa la red por entero y ya nadie puede evitarlo
estamos en manos extrañas con planes misteriosos.

Las preguntas no tienen sentido, sólo encender cerillas
y ver quién anda merodeando por ahí, desapercibido,
tal vez no es de este barrio, esta ciudad, este mundo
¿qué oscurecen?, ¿hacia dónde quieren que miremos?

Las preguntas no tienen sentido.
No tienen sentido las preguntas.
Las preguntas no tienen sentido.
No lo tienen, no tienen sentido.

Secta ufológica suicida

Nuevos cultos nacen estos días
no podéis esconderos siempre
de vuestros verdaderos dioses,
estuvieron aquí y ahora vuelven.
Creados como híbridos gloriosos
vuestra sangre es su herencia.

Pronto nacerá un nuevo día
y, antes de que rompa el alba,
nos reunimos los adeptos
en torno al triángulo de piedra
para elevar largas plegarias.

Ellos escuchan, lo sabemos,
pronto llamarán a sus hijos
para reposar junto a su seno
y veremos arder el mundo
de los impíos que les niegan.

Sólo es necesario un último paso,
debemos renunciar para siempre
a nuestro impuro cuerpo terrestre
para alcanzar el estado de gracia
convertirnos en iluminados seres.

Y, luego, subiremos levitando
ingrávidos sobre los tejados
mas allá de las montañas
sobre las nubes más altas
donde la atmósfera es liviana.

Allí nos esperan pacientes
Allí donde flotan sus flotas
con los brazos muy abiertos
A sus hijos, sus queridos hijos,
los niños del arcoíris.

Oda a la diferencia

Sabes que es una obra inmortal cuando, por más años que pasen, aún toca fibras en tu interior. Hoy sigue siendo la monstruosidad que fue al nacer, y también una oda a la diferencia. Porque todos caben en este circo que es una alegoría de la vida, y el más normal aquí es el anormal.

Desentonar nunca fue del agrado de las mayorías que buscan arrastrar a las notas discordantes a su mediocridad, pero con estos no pueden, no tienen nada que hacer. Mucho que aprender todavía de ‘La parada de los monstruos’ (Freaks, 1932).

特攻隊

En 1944, en la Batalla del Mar de las Filipinas, los japoneses perdieron 400 aviones con sus pilotos, los más veteranos habían ido cayendo desde el inicio de la guerra en el Pacífico. Además, las numerosísimas aeronaves que los norteamericanos habían desplegado en el teatro de operaciones superaban con mucho a las niponas, que eran consideradas excelentes al principio del conflicto.

Por si fuera poco, se había mejorado tanto la artillería antiaérea que apenas era posible realizar un ataque convencional. ¿Cómo contrarrestaron esa tremenda superioridad enemiga? Puestos a morir, era mejor arrojarse sin vacilaciones sobre la flota del adversario para causarle los mayores estragos posibles. Ahí surgió una nueva forma organizada de sacrificio.

El ‘Viento divino’ asombró al Mundo forzando los límites de la locura humana y dio rienda suelta a la desesperación de un pueblo que pocos años atrás reunió el imperio más extenso conocido, contando la porción de océano que controlaba Japón. Los kamikaze aterrorizaron al enemigo, que temía el solo sonido del motor de un avión en el cielo. Pero no sirvió de nada, se perdió igual. ¿aprenderemos de la Historia?

Good Bye, Putin!

La pregunta que hay que hacerse es, ¿hasta qué punto nuestra realidad es engañosa? En estos días podemos ver cómo en Europa hay al menos dos realidades, marcadas por el desarrollo incierto de la guerra ruso-ucraniana. Y justo ahí, en el nombre, empiezan las mentiras, puesto que para los invasores se trata de una “operación militar especial”. Es un juego semántico pernicioso, nada sutil y muy inexacto, por cuanto se ha revelado que las pretensiones y objetivos concretos y acotados que deben guiar toda operación han sido ampliamente subvertidos.

Sin duda la mayor mentira es la que los líderes le cuentan a su propio pueblo, y aquí -sin dejar de considerar aquella propaganda que yo mismo pueda recibir- veo que hasta donde yo sé en Rusia están absolutamente expuestos a las falacias urdidas desde el poder estatal, con mucho regusto a KGB. No se permite la disensión y no se da información que no esté directamente censurada por el riesgo que puede entrañar para el conflicto. Y esto pone una vez más de manifiesto que se trata de una guerra con todas las letras, también para ellos.

Dicen que en Rusia incluso hay personas que piensan que son los ucranianos quienes han atacado en primer lugar, y que una mayoría de los rusos se ha creído que el objetivo del ataque es “desnazificar” Ucrania, como si se fuera a aplicar algún tipo de veneno matarratas -y como si en Rusia no tuvieran nazis-; incluso dicen que mucha gente en aquel país acepta que se “libere” Donetsk y Lugansk, aunque se sabe que los propios rusos están eliminando a los dirigentes independentistas que no son prorrusos.

Todo esto recuerda a la película ‘Good Bye, Lenin!’ (2003), en la que el protagonista se esfuerza por crear una realidad alternativa a la medida de su madre, una comunista empedernida que enferma y se queda en coma justo en el delicado momento histórico en que cae el muro de Berlín, para emerger de nuevo a la vida cuando Alemania ya se ha reunificado, muy pocos meses después. A fin de evitarle mayores disgustos que podrían causarle una recaída y la muerte, Alex decide ocultarle que el país donde vivía, la República Democrática Alemana, ya no existe.

Tirano de chocolate.

Es una ardua tarea para un chaval, que como mucha cuenta con la ayuda de un amigo y de su novia -quien le cuestiona por mantener el engaño-, así como con una relativa complicidad de su hermana. Al final, casi sin medios consigue crear de la nada una Alemania comunista como la moribunda jamás pudo haber soñado. Todo el engaño benévolo funciona durante algún tiempo, pero las mentiras se van apilando hasta que son insostenibles y la madre se entera por sí misma de la verdadera situación. No hay rencor ni enfado, porque las intenciones del protagonista son buenas.

Volviendo a la Federación Rusa de hoy, que nada tiene que ver con la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.) pero que sí que parece que se quiere mirar en ese espejo del pasado en lo que a glorias se refiere, las preguntas son varias. En primer lugar, si el engaño de Putin a su pueblo es sincero o interesado. En estos casos la historia nos pone contra las cuerdas al intentar tomar una decisión: “¿es un loco o un fanático?”. Como si hubiese mucha diferencia en la práctica.

En segundo lugar, me pregunto si el velo caerá también en este caso, si lo hará para todos los rusos o solo para algunos y, sobre todo, qué sucederá entonces. Lo que parece que nadie ve es que estamos en un momento histórico muy relevante, de cómo se resuelva esta situación y la crisis económica que ha generado depende la evolución del Mundo en las próximas décadas. El pasado nos enseña que siempre se ha recurrido a la brutalidad, y las armas de hoy en día -con las nucleares a la cabeza- lograrán que el crimen sea de proporciones bíblicas.

Por otro lado, si todo cesa, si acaba de una vez, tal vez veamos una estatua de Putin trasladada por un helicóptero a un vertedero remoto, y a un ucraniano con un misil Stinger abatiendo al aparato en el camino. Sería el último disparo de una guerra no declarada pero que mata como todas las demás.

Kowloon

La ciudad crecía sin control. Nuevos edificios surgían en las azoteas de los antiguos apoyándose unos en otros sin que interviniesen arquitectos ni ingenieros, pero nunca crecían más de 14 plantas, para que no chocasen con ellos los aviones que despegaban del aeropuerto. Las calles se estrechaban, muchas eran oscuros callejones de apenas un metro de ancho, la luz solar era un privilegio para quienes vivían mirando hacia el exterior. Para el resto, luces de neón.

Con 50.000 residentes, tenía la mayor densidad de población del planeta: dos millones de habitantes por kilómetro cuadrado. La mayoría se dedicaban a actividades ilegales como juego, falsificaciones, medicina sin licencia, droga y prostitución. Aunque también había puestos de comida a base de carne de perro. Kowloon, en Hong Kong, fue demolida en 1993.

Falso culpable

Todo concepto tiene un origen. Uno de los rasgos que hizo famoso a Alfred Hitchcock, y que le convirtió en el ‘maestro del suspense’, fue un planteamiento argumental: el falso culpable. En él un personaje es acusado y perseguido por un delito que en realidad no ha cometido. Nadie le cree y, de hecho, todo lo que hace parece incriminarle aún más…

Pues, todo esto se basa en algo que le sucedió al propio Hitchcock cuando era un niño. Un día su padre le entregó una carta y le dijo que fuese a la comisaría y se la diese al mando que estuviese de guardia. Lo hizo, el sargento la leyó y le ordenó enigmáticamente que lo acompañase. Entonces, le encerró en uno de los calabozos durante varias horas. Y, mientras le soltaba, dijo: “esto es lo que le hacemos a los chicos malos”. El niño se sintió injustamente castigado.

Vorágine de violencia

La Historia se explica frecuentemente a través de sus conflictos, y cada época tiene los suyos. Parece que la Paz a largo plazo no es una alternativa viable, porque los nacionalismos, las religiones, las ideologías, el ansia por el control de los recursos y los objetivos de dominación, o puramente económicos, siempre se interponen en el camino hacia la tranquilidad y el sosiego que en verdad busca la gran mayoría.

Los conflictos más cruentos y cercanos o lejanos en el tiempo nos resultan siempre difíciles de comprender: cómo se gestan, por qué se inician, cuál es su desarrolllo o su desenlace final, si es que llegan a tenerlo. Así nos pasa en la lucha entre Israel y Palestina, entre Arabia Saudita y Yemen o en el caso de la guerra civil que asola Siria desde hace una década y que al principio parecía una más de tantas revueltas de la llamada ‘Primavera árabe’.

¿Quién está combatiendo allí? Está el ejército sirio, una ensalada de guerrillas y milicias -islámicas o no- que no hay quien entienda y que, en muchos casos, encima se han cambiado el nombre; y, también, varias tribus que van por su cuenta, así como un número indeterminado de grupos armados extranjeros, entre los que destaca Hezbollah y varias facciones kurdas.

Pero, es que además están o han estado EE.UU., Rusia, Irán, Irak, China, Turquía, Corea del Norte, Arabia Saudí, Francia, Jordania, Catar, Israel, Reino Unido, Alemania, Bélgica, Dinamarca y Australia. En algunos casos combaten y en otros prestan ‘apoyo militar’, aunque no queda muy claro qué supone eso. En resumen, no hay quien entienda qué pasa allí después de doce años cumplidos de guerra. Algo huele muy mal y no son los cadáveres.