Pausa de los perseguidos

Uno dice con disgusto
sintiendo cada legua
como itinerante prisión:
«es momento de frenar»
otro añade quejumbroso:
«yo no voy a correr más».

El resto, otorga resignado
y entrega las palabras
como armas melladas
como bocas desdentadas
con labios sellados.
Al tiempo que
con ademanes secretos
y gestos desquiciados
trazan nuevos planes
con detalles concretos
para huir a un lugar lejano.

Después de haber corrido
durante tantos años tienen sed
un ansia bebedora inmensa
que a ningún agua basta.
Y, ¿con qué la pueden saciar
antes de volver a desaparecer?

El remedio desean conocer
esa es la esencia de su diálogo
les mantuvo vivos en el pasado
y lo buscan en el presente.
Lo harán en el futuro
lo anhelarán siempre
en todo momento
en toda época
en todo lugar.

Se buscan trabajadores

No dejo de leer por todas partes que muchos países necesitan trabajadores, porque los que hay no son suficientes para las necesidades de producción. Se sugiere como remedio más obvio abrir las puertas a la llegada de nuevos inmigrantes, en España también lo ha dicho el Gobierno y parece que lo hará. Somos 47 millones de ciudadanos, incluidos aportes procedentes de todo el Mundo, ¿realmente falta gente?

La supuesta carencia de trabajadores se debe al menos a cuatro causas, que son: ultraespecialización, híperformación, empleos burbuja e infraempleos. Y paso a detallarlas:

ULTRAESPECIALIZACIÓN: Esto alude a determinadas profesiones que registran pocos titulados para la demanda real que tienen, como ingenierías, informática, telecomunicaciones, etc.. En general, muy ligadas a la tecnología puntera, pero también ciencia, salud y otros campos. Y aquí España se ha revelado como un país nefasto para retener talentos; forma gente, pero luego se le van porque no se paga en relación a la alta formación que se reclama. TIENDEN A MIGRAR.

HÍPERFORMACIÓN: Esto afecta a un rango de profesiones muy amplio. Se trata de personas que se han formado pero luego tienen muchos problemas para entrar en el mercado laboral, mantenerse en él y evolucionar mejorando su situación. Aquí hay dos escenarios, por un lado, la frustración de quienes cursan unos estudios -ya sea universitarios o de formación profesional- y luego o no son contratados o deben realizar su labor desde la precariedad. Y por otro, quienes también se han formado -incluso reforzando sus conocimientos con formación continua- y tienen experiencia acreditable, pero a la hora de la verdad su contrato laboral no se ajusta a su experiencia y está por debajo de su categoría, incluso muchos años después de incorporarse a su sector. En este grupo abundan los sueldos bajos, prorrateados, la temporalidad, etc. Ante la falta de perspectivas, TIENDEN A ABANDONAR.

EMPLEOS BURBUJA: Me refiero a cuando un sector registra una altísima actividad y por tanto cuesta encontrar profesionales porque la demanda es muy alta, pero no porque haya pocos. Pensemos, por ejemplo, en la construcción y todas las actividades relacionadas. El riesgo de traer gente de otros lugares -y de otros sectores- en estos casos es que una vez que se desinfla la burbuja se complica mucho su permanencia en un territorio que de repente ya no ofrece perspectivas, y además se pueden generar problemas de convivencia, guetos y carestía de la vivienda, entre otros. Son una mala solución ante determinadas ‘fiebres del oro’ que disparan la actividad, una DISTORSIÓN DEL MERCADO LABORAL.

INFRAEMPLEOS: Básicamente, aludo a cualquiera que trabaja por poco dinero o en condiciones de precariedad laboral, que en España es mucha gente. Como se trata de trabajos mal remunerados y muchas veces ingratos de realizar, es habitual que los rechacen tanto los nativos como la segunda generación de migrantes. Entonces, ante la disyuntiva entre mejorar las condiciones o ampliar la llegada de foráneos, se elige esto último. Por tanto, la idea es EL ÚLTIMO EN LLEGAR PRINGA.

La ley del mar

La ley del mar engloba una serie de tradiciones por las que los marinos de todo el mundo se han regido a lo largo de la historia, como que el capitán sea el último en abandonar el navío o que las mujeres y los niños ocupen en primer lugar los botes salvavidas en caso de naufragio.

Sin embargo, la ley del mar se refiere más específicamente a la costumbre de practicar canibalismo de supervivencia en el caso de que un grupo de náufragos quede a la deriva. Una vez agotado el alimento pueden echar a suertes quién de ellos será sacrificado para ser consumido por los demás.

Objetos detectados

En septiembre de 1952 “varias estaciones de radar en el área de Londres detectaron objetos no identificados que se extendían por la ciudad a altitudes de 13.000 a 20.000 metros. El personal que vio los objetos dijo: «No se trata del clima«, y algunos de ellos habían participado en la sangrienta Batalla de Inglaterra. Conocían su radar”. Extraído de ‘The Report on Unidentified Flying Objects’ (1956), Edward J. Ruppelt, oficial de la USAF.

Orgonismo

En 1957, la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. entró en el laboratorio de Wilhelm Reich, destruyó su equipo experimental, quemó todos sus libros y lo encarceló. Falleció 10 años después de un ataque al corazón, una semana antes de salir en libertad. Algunos de sus libros todavía hoy están fuera de circulación.

En sus experimentos, Reich afirmó haber encontrado un tipo de energía curativa a la que llamó ‘orgón’, término resultante de la unión de ‘orgasmo’ y ‘organismo’. Era la energía sexual, la fuerza vital que mueve el Universo. Se encuentra en todas las cosas y es de color azul.

«El organismo desarrolla su vitalidad en base a la existencia de una buena pulsación biológica (contracción-expansión) y en un buen equilibrio del sistema nervioso vegetativo (SNV), que regula todos los movimientos involuntarios del cuerpo (corazón, respiración, función sexual…). Este equilibrio, por el cual la energía fluye libremente por el organismo se mantiene si existe la capacidad orgástica, es decir, la capacidad de abandono y de descarga sexual total en el momento del abrazo genital. Este acto de morir placenteramente en el otro posibilita el renacer y el paso a la nueva actividad natural. La función del orgasmo (tensión-carga-descarga-relajación) cumple así, pues, un papel máximo en la obra de Reich. Por medio de esta mantenemos una autorrelajación energética que permite estar en contacto con nosotros mismos y con la realidad y teniendo la capacidad biológica (no la social) para la libertad y para la gestión de nuestra vida. Para poder alcanzar esta capacidad orgástica debe de haber un buen desarrollo de la sexualidad pregenital e infantil. La labor profiláctica de la orgonomía actúa en este sentido.» [fuente: Elpais.com]

Quemar el dinero

Es una manera de hacerlo desaparecer, hay quien dice que es ilegal porque el papel moneda pertenece al Estado y nosotros somos meros portadores. A lo largo de la historia se ha quemado en contadas ocasiones, principalmente lo han hecho dos colectivos totalmente opuestos por las razones más diferentes que se puedan imaginar.

Uno está formado por personas entregadas a la opulencia que se encienden un puro con un billete de 100 euros ardiendo, de ese modo pretenden demostrar que tienen tanto que no les importa despilfarrarlo. Y otro por anticapitalistas que ponen de manifiesto de ese modo que el dinero es una ficción y no vale más que el papel que lo sustenta. Bueno, y luego está lo de Joker, pero ese es otro tema.

Barco de rejilla

Para un gitano, quien no es gitano es ‘payo’; para un judío, quien no es judío es ‘gentil’ y, en Mallorca, para alguna gente, quien no es mallorquín es ‘foraster’. Mucho se ha hablado del racismo y la xenofobia de los grupos étnicos mayoritarios hacia los minoritarios, pero se plantea pocas veces por qué a esas minorías les cuesta tanto integrarse a pesar de que pasen los siglos.

Si estás pensando que soy racista, yo te digo que, en primer lugar ni siquiera sé cuál es mi raza. Sí, sé que soy blanco porque muy oscuro no soy y porque no voy nunca a la playa. Pero nada más. De hecho, para un alemán o un nórdico, el más ‘blanquito’ de los habitantes de la isla es al menos un poco tostado. Por eso, siempre me pregunto cómo es que alguna gente sabe a qué grupo étnico pertenece si se supone que aquí debería estar todo el mundo integrado, yo no tengo ni idea de mi origen más allá de un par de generaciones atrás, igual soy inuit (esquimal), o sioux, o incluso pigmeo, aunque mido casi 1,90m. ¡A saber!

Pero, el color de la piel no lo es todo, sólo es lo primero que se ve. Y, de hecho, no siempre manda el ADN cuando queremos subrayar lo diferentes y exclusivos que somos. Están las costumbres, la cultura, la religión y, cuando se quiere abundar en las diferencias y no en las semejanzas, hasta se llega a esgrimir un vehículo de comunicación e intercambio tan básico y elemental como la lengua, aunque no te lo puedas creer. Ya no se usa para entenderse y aproximarse, sino que es un factor diferencial. Y, no importa si otras lenguas de alrededor se parecen un güevo, porque vienen de la misma raíz.

Últimamente, hasta se ha ironizado con el requisito de acreditar un número de apellidos identificables con una determinada identidad étnica para pertenecer a ciertos partidos políticos. Incluso se ha apuntado al Rh (una proteína heredada que se encuentra en la superficie de los glóbulos rojos de la sangre) como factor diferencial irrefutable. Al final, si se busca aunque sea al microscopio, la diferencia aparece.

Llegan los ‘forasters’

En Mallorca tal vez ahora no se emplea tanto esa expresión de ‘forasters’, porque han corrido los años y ha venido mucha gente de todas partes, con dinero o sin él, que eso sí que marca diferencias sociales. Y, quienes eran así llamados en tono despectivo, los peninsulares emigrados desde áreas no catalanas y, más tarde, nosotros, sus hijos, hemos pasado a segundo plano.

Ahora somos casi mallorquines, sólo tenemos que pulir nuestro acento -porque sacarse el Nivel C basta para las administraciones pero no para el día a día- para ser ‘uno más’ en esta suerte de paraíso soñado. Ahora, los ‘forasterets’ estamos casi integrados, ya no se pide en alto delante de nuestras narices -como juro que me ha pasado- que nos manden de vuelta en un ‘barco de rejilla’.

Porque, además de que nos largásemos querían que nos ahogásemos por el camino, esa era la triste metáfora, a veces trasladada a vetustas paredes en forma de pintada. Ahora son las pateras que vienen desde el Norte de África las que se hunden, y mueren inmigrantes a miles cada año en el Mediterráneo, ese mar al que cantó Serrat: “Ay, si un día para mi mal / Viene a buscarme la parca / Empujad al mar mi barca / Con un levante otoñal / Y dejad que el temporal / Desguace sus alas blancas / Y a mí enterradme sin duelo / Entre la playa y el cielo”.

Sepultura medirránea

Con un viento de levante otoñal y la barca desfondada, nos deseaban una muerte horrible pero al menos rápida. Pedían cobardemente que el Mediterráneo, que en Mallorca condiciona todos los aspectos de nuestras vidas, se ocupara de eliminar a los ‘forasters’ y sus crías, porque quienes tan buenos deseos albergaban no querían ensuciarse las manos. Tal vez no hubiesen soportado que les llamasen asesinos racistas, pero no hay que sentir pánico semántico, eso serían. Claro, era mejor que nos muriésemos nosotros solos sin saber nadar.

A lo mejor pensaban que debíamos irnos porque nadie nos había llamado, aunque mi padre siempre me contaba que los empresarios mallorquines acudían al muelle de Porto Pi cuando llegaban los ferrys de Trasmediterránea y, gritando y agitando los brazos, reclamaban camareros que explotar en sus recién abiertos hoteles y restaurantes. Ellos ganaban fortunas y los ‘forasters’ sueldos rascados y las propinas que pudiesen pillar. Eran los años 60 y se había empezado a alimentar el tamagotchi del turismo, al principio una alternativa en una isla con una economía en la que estaban bien representadas la agricultura, la ganadería, la pesca, la industria (piel, calzado, marroquinería, telas, vidrio, madera, etc.) y el comercio… Pero, más tarde el turismo se lo comió todo y lo es todo.

Y los ‘forasters’ se asentaron y se reprodujeron como liendres, porque parecía un lugar más prometedor que su propia tierra, donde había paro y en algunos casos hasta miseria. En la siguiente generación vinieron muchas gentes de aquí y de allá, ‘inmigrantes’ les llamaban, y decían que había que acogerles bien e integrarles. Para muchos, que lo habían sido, era la primera vez que escuchaban eso. Y a los ‘guiris’, que no daba tiempo a cogerles mucha manía porque eran aves de paso, también había que recibirles con una amplia sonrisa. A todos, no importaba cuántos millones viniesen y si se agarrotaban los mofletes de esbozar ese rictus de simpatía aparente.

…Porque traían dinero i els doblers xerren totes ses llengos.

Ensuciar la memoria

Todos los aventureros tienen una perspectiva épica de la vida, en la que disfrutar del peligro, del poder efímero y paladear la victoria lo es todo. Es más, el resto de cosas que les ofrece nuestra existencia no les interesan en absoluto. Pasar a la historia como grandes ídolos con nombres rimbombantes, ¡eso sí les importa!

El inconveniente de tal manera de vivir es que se sustenta sobre una larga retahíla de cadáveres sin los cuales no habría ni fama ni gloria para esos supuestos héroes. Matan porque del que mata se habla. Por eso, lo mejor que podemos hacer es ensuciar su memoria contando la verdad: que son unos asesinos. Y retirar sus símbolos y mandarlos a las letrinas de la Historia. Pero no debemos olvidarlos jamás, eso les traería de vuelta.

¿Qué será de nuestros hijos?

El fenónemo de los jóvenes que no estudian ni trabajan se detectó por primera vez en un informe británico de 1999. En Europa ya son el 34% de la población de esa edad. Hay ‘ninis’ en Reino Unido, Italia, Grecia, Croacia, Rumanía, Bulgaria, España (22%) y Chipre. En Asia (sobre todo en Japón), en Sur y Centroamérica (más de 7 millones en México). En África son el 37%… Y subiendo.

Estos jóvenes dependen de su familia o de subsidios públicos, si no, caerían en la marginación y la exclusión social. El problema se agudiza con el tiempo: van cumpliendo años sin acumular experiencia ni conocimientos, así que su inserción laboral y social es cada vez más compleja. A los ‘ninis’ les precedieron los ‘mileuristas’, que estudiaron, se sacaron títulos, trabajaron y no les sirvió de nada. Amén.

Niños salvajes

Si alguna vez me caigo en la jaula de un gorila, que me mate, que me aplaste, que me ahogue, pero quitad de mi vista a toda esa gentuza echándonos fotos, lanzando grititos y diciendo «¡es horrible!».

A lo largo de la historia se conocen casos de niños criados por lobos, osos, monos y gacelas. Sobre la verdadera historia de Víctor de Aveyron se rodó la película ‘El niño salvaje’ (1970). Y, en la mitología y en la ficción, ahí están Rómulo y Remo, fundadores de Roma; Mowgly, de ‘El libro de la selva’ y Tarzán de los Monos. Nos comprenden más que nosotros a ellos.