Aguas de Baleares. 14 febrero 1979, 00:45h.: “Se empieza a observar en la pantalla del radar una gran cantidad de ecos difuminados por la proa alrededor de dos que parecen pertenecientes a objetos más grandes, la observación concluye que se desplazan en nuestra misma dirección y sentido pero a menor velocidad, por lo que al cabo de una hora más o menos empiezan a estar a 3 ó 4 millas, momento en que dejan de ser observados en el radar, apareciendo por la popa o por el través, tanto de babor como de estribor, a distancias variables. No se ve ninguna luz que los identifique. El número de ecos detectados por el radar podría ascender a 50, posiblemente”. Del cuaderno de bitácora del buque tanque ‘Tamames’.
Incómodo con el cliché
Soy hombre, blanco, heterosexual, alto, maduro, formado… Lo que no soy es alguien que tenga dominio alguno sobre su destino, y mucho menos sobre el de nadie más, pues no tengo poder. Lo que no soy es alguien que pueda impulsar cambios en su entorno, pues no tengo influencia.
Y, lo que tampoco soy es alguien que tenga la vida resuelta y no necesite preocuparse nunca más por su futuro, pues no tengo dinero. No soy alguien que pueda considerar que está por encima de otro alguien, o más allá del bien y del mal, pues no tengo impunidad.

Ahora que lo pienso, tampoco me puedo esconder ni poner de perfil ante la realidad, pues suceda lo que suceda siempre me afecta: si llueve me mojo y si hay crisis me voy a la mierda. Se supone que hay toda una religión y una cultura milenaria que glorifica a los tipos como yo, pero aún así muerdo el polvo cada día y me cuesta llegar a fin de mes como al que más.
Prácticamente, lo único firme, claro y determinante, es decir, con lo único con que puedo contar sí o sí, es con que se me incluye en un cliché muy concreto. Ya sabes, ese que dice que estoy en la cúspide de la pirámide social. Ese que asegura que pertenecezco a la élite más relevante… Estoy a punto de entrar en éxtasis.
Rehenes a escena
El 23 de octubre de 2002 el Teatro Dubrovka de Moscú estaba repleto de público. Todo transcurría con normalidad hasta que entre 40 y 50 personas armadas y encapuchadas asaltaron el edificio tomando 850 rehenes. Exigían la retirada rusa de Chechenia.
Después de tres días de secuestro, una unidad policial de élite dependiente de los servicios secretos (FSB) bombeó un agente químico desconocido en el sistema de ventilación del teatro que provocó la muerte de 168 personas, de las que 129 eran rehenes y 39 asaltantes. Al año siguiente, el ex agente Aleksandr Litvinenko acusó a los servicios secretos de organizar el ataque como una operación de falsa bandera. Más tarde, él mismo acabó siendo envenenado con Polonio-210.
Estupideces repetidas
Frases que me desquician y que agradecería que no pronunciéis en mi presencia: «todo está inventado», «han venido para quedarse» y «no se le puede poner puertas al campo». No me gusta la inevitabilidad de las cosas.
Desde que el mundo es mundo han caído montañas, se han secado océanos, se han extinguido los dinosaurios y las más grandes civilizaciones han desaparecido sin dejar apenas rastro. Nada está ahí para siempre y no tenemos porqué comernos nada por narices.
Y lo que ahora aparece inevitable y sempiterno también desaparecerá arrastrado por el torrente de la Historia, a veces muy poco tiempo después de su aparición. ¿Cuánto hace que no usas una grapadora, un CD-ROM, o que no mandas un fax?
Una pregunta más
Pero nunca era «sólo» una, siempre había otra y otra, sin límite. Así era el personaje de ‘Colombo’, una serie de TV que duró desde 1968 hasta 2003, en la que un detective del Departamento de Homicidios de Los Angeles del que nunca supimos su nombre de pila -ni vimos a su mujer, de la que siempre hablaba- resolvía crímenes gracias a su tenacidad. En total fueron 69 telefilmes.
Era un pelmazo y lo reconocía. También desaliñado, impertinente y algo atolondrado. Siempre le querían echar de la escena del crimen porque nadie creía que fuese policía. Colombo, que fue interpretado magistralmente por Peter Falk, era un verdadero antihéroe que siempre pillaba a los asesinos. ¿Cuál era su secreto?, dejar que se confiaran, que se creyeran que estaban ante un auténtico incompetente. Pero no, él era un lobo con piel de cordero.
Paraísos fecales
Según el diccionario, ‘paraíso’ es: «lugar que reúne todas las características ideales para un determinado grupo de seres vivos o para desempeñar una actividad». Y, ‘paraíso fiscal’: «país en el que existe un régimen tributario de impuestos bajos o nulos que atrae a residentes y capital extranjero».
El paraíso forma parte del sistema de creencias de varias religiones y mitologías, no hay evidencia alguna de que exista en realidad. En cambio, existen 38 paraísos fiscales en todo el Mundo. Y Jesucristo le dijo al Buen Ladrón: «verdaderamente te digo, hoy estarás conmigo en el Paraíso» (Lucas 23:43).
Contra el sentido común
Dicen que el intangible sentido común es la suma de los conocimientos y creencias que comparte una comunidad, todo aquello que se considera prudente, lógico o válido para mantener la armonía de la coexistencia cotidiana. Dicen que es la capacidad natural de juzgar los acontecimientos y eventos de forma razonable.
En realidad es un constructo social, una serie de normas y convencionalismos inventados sobre la marcha, que además van cambiando con los tiempos y las modas. Es una manera de no pensar, de anular nuestro criterio, porque es más fácil seguir la corriente y asumir como propios los valores de la mayoría. Es una forma de despersonalización. Por eso, deja de preguntarte dónde está o por qué no abunda.
El vuelo del general
Un día llegó la hora de cambiar de engaño, nos dejaron desempolvar y ondear las banderas sangrantes del pasado, pudimos manifestarnos y pedir libertad, sentir que participábamos en el relevo. Pero no hacíamos sino rodar ilusos hacia el capital, el consumismo y la falsa abundancia.
Dejamos en el camino el recuerdo de la opresión, porque fue tiempo de olvido e impaciencia, de ignorancia simulada. Y en bloque cruzaron los asesinos a plena luz el Rubicón, sin pagar un peaje, sin una excusa ni responder por nada. Perdieron sucesión pero ganaron eternidad. Se lo permitimos y ahora todo es consecuencia de eso.
Davidianos
Las armas automáticas, que están oficialmente prohibidas y tanto dolor han causado en masacres como la que hubo en Las Vegas en 2017, fueron la causa de que una agencia gubernamental investigara a David Koresh y sus seguidores. Decidieron entrar en la propiedad que tenian en Waco (Texas) para desarmarles, pero nada salió como se esperaba, murieron cuatro agentes y fueron heridos otros 22.

A continuación, hubo un asedio que se prolongó durante 51 días y que culminó con un asalto el 19 de abril de 1993. Durante el ataque se produjo un incendio cuyo origen nunca se aclaró en el que murieron unos 80 ‘davidianos’ y el rancho Monte Carmelo quedó consumido. Esto generó una ola de desconfianza hacia el gobierno federal que, dos años más tarde, tuvo como consecuencia el atentado de la bomba de Oklahoma. Otra carnicería absurda.
Más antimateria
Los científicos estiman que 10 miligramos de antimateria serían suficientes para propulsar una nave hasta Marte, y se sabe que esas partículas se pueden emplear de forma muy efectiva en las terapias para combatir el cáncer.
El inconveniente es que la antimateria es la sustancia más cara del mundo, ya que producir un miligramo cuesta más de 57.550 millones de euros. Y además, es muy difícil de almacenar porque tiende a autodestruirse cuando entra en contacto con la materia. De momento no levantaremos el vuelo.